viernes, 23 de mayo de 2014

Tillandsia aeranthos, el clavel de aire

El género Tillandsia de la familia de las Bromeliaceae está formado por unas 650 plantas epifitas no parásitas, todas ellas americanas, que en la naturaleza crecen sobre las ramas de árboles y arbustos y a veces también sobre rocas (litófitas), fijándose mediante raíces modificadas que sólo sirven para anclar fuertemente la planta sobre su huesped. Reciben el nombre de claveles de aire por carecer de raíces propiamente dichas. Tras millones de años de evolución se han adaptado a sobrevivir absorbiendo el agua y los nutrientes a través de los estomas de sus hojas. 

Tillandsia aeranthos en plena floración a mediados de mayo colgando de una rama de Quercus cerrioides. A la derecha de la imagen a unos metros de distancia se ve otra Tillandsia aeranthos sin flores colgando de un peral de San Juan. Ambas tienen ocho años de edad.

Se las suele dividir en Tillandsias verdes y Tillandsias grises por el color de sus hojas:

-Las verdes viven en zonas tropicales y subtropicales muy lluviosas durante todo el año y en general a la sombra o semisombra de los árboles sobre los que habitan. Sus hojas carecen de tricomas y no soportan períodos prolongados de sequía. 

-Las grises deben su color a la abundancia de tricomas que recubren sus hojas. Habitan en zonas de clima tropical o subtropical subárido o subhúmedo con períodos más o menos prolongados de sequía aunque con una elevada humedad ambiental y en zonas de clima templado cálido semejante al mediterráneo con una estación húmeda y una estación seca. Necesitan más luz que las Tillandsias verdes y aunque prefieren la semisombra de los árboles, pueden prosperar perfectamente a pleno sol, siempre que el aire contenga una humedad más o menos elevada.

Tillandsia aeranthos sin flores de la imagen anterior. Pertenece a una variedad cultivada que no florece nunca. Al no producir semillas sólo se puede reproducir vegetativamente por brotes o hijuelos separados de la planta madre. La persona que me dio los brotes llamó hembra a la que da flores y macho a la variedad agámica.

Misma Tillandsia aeranthos de la primera foto vista desde el otro lado.

Tilladsia aeranthos anterior hace 8 años, en mayo del año 2006, la primera vez que floreció.

Mismo clavel de aire en abril de 2011 con los capullos florales a punto de florecer.

Detalle de los capullos florales anteriores.

A mediados de mayo las flores ya están completamente abiertas. En la naturaleza son polinizadas por los colibríes durante el día y por polillas nocturnas durante la noche.

 Flores de Tillandsia aeranthos.

 Otras flores de Tillandsia aeranthos a mediados de mayo.

Detalle de las flores de clavel de aire con una gotita de néctar en el fondo de cada flor.

Flor partida por la mitad con el detalle de sus órganos reproductores típicos de todas las bromeliáceas: tres sépalos rosados, tres pétalos azules, seis estambres con las anteras cargadas de polen amarillo y un pistilo más largo que los estambres con un estigma trilobado en el extremo. Para evitar la autofecundación la flor madura primero el estigma que se mantiene receptivo durante unos días. Pasado este tiempo, tanto si ha sido fecundado como si no el estigma se cierra herméticamente y deja de ser receptivo y entonces maduran las anteras de los estambres con abundante polen, que los colibríes y las polillas llevan a otras flores en fase femenina.

La Tillandsia aeranthos es uno de los claveles de aire más cultivados en todo el mundo. En esta imagen podemos ver numerosos ejemplares embelleciendo este balcón de una casa de la ciudad de Horta, capital de la diminuta isla de Faial del archipiélago de las Azores.

Viejos ejemplares  de medio metro de diámetro cultivados en el magnífico Jardín botánico de Sóller en la isla de Mallorca.

Uno de los claveles de aire anteriores en el que se ve el sencillo método de sujeción a la barra del emparrado.

Hoja de Tillandsia aeranthos cubierta de estomas de color verde rodeados de tricomas blanquecinos.

Estomas de Tillandsia aeranthos cada uno de los cuales está todeado por un anillo de tricomas en forma peltada, es decir, de paraguas pegado en el centro donde está la abertura del estoma. Los tricomas son pequeñas escamas muy higroscópicas que retienen y/o condensan la humedad ambiental o el agua de lluvia y la dirigen hacia el estoma, que la absorbe junto con los minerales disueltos en ella, es decir, realiza la misma función que las raíces.

En las Tillandsias grises de zonas semiáridas los estomas se cierran durante la noche para evitar que pierdan agua. El proceso de la fotosíntesis en estas plantas es de tipo CAM con una fase nocturna en la que los estomas se cierran y el CO2 se une temporalmente a C4, dando lugar a malato que se almacena en el interior de las vacuolas de la célula vegetal. Al salir el sol se inicia la fase diurna en la que el malato pasa de las vacuolas a los cloroplastos donde, con la energía de los rayos del sol, se transforma en piruvato y CO2, iniciándose así el ciclo de Calvin-Benson.


domingo, 11 de mayo de 2014

Plantas epifitas sobre palmeras

Epifita es toda planta que vive sobre otra sin alimentarse de ella. También son considerados epifitas los musgos y los líquenes. Quedan excluídas las plantas parásitas sin clorofila, que también viven sobre otra planta pero se alimentan de su savia. 

En esta entrada quiero compartir con vosotros dos docenas de plantas vasculares que han elegido como sustrato las fibras en descomposición que revisten el tronco de las palmeras Phoenix canariensis, Phoenix dactylifera y Caryota urens. Algunas de ellas nacieron de una semilla defecada por un pájaro, lo que en ecología se llama ornitocoria, es decir, diseminación de semillas por las aves. Otras llegaron allí llevadas por el viento, es decir, por anemocoria, en forma de semillas voladoras o de esporas. 

Epifitas procedentes de esporas llevadas por el viento.

Sobre esta palmera canaria que embellece una calle del municipio de Barlovento en la Isla de La Palma se pueden ver numerosos ejemplares del helecho Pteridium aquilinum (1), de la familia de las Hypolepidaceae.

Imagen cercana de los helechos epifitas anteriores.

Detalle de uno de los Pteridium aquilinum enraizado sobre las fibras en descomposición que rodean el tronco de esta palmera como si de un abrigo se tratase. Como ocurre en todas las islas de la Macaronesia casi a diario sube la brisa marina en forma de niebla cargada de humedad procedente del Océano Atlántico, choca contra las hojas y el tallo de la palmera y se condensa en forma de agua dulcísima, lo que recibe el nombre de lluvia horizontal. Una parte cae al suelo y aporta humedad a las raíces de la palmera y otra parte es absorbida por las fibras y proporciona humedad a las raíces de los helechos.

Sobre esta palmera datilera del fantástico Huerto del Cura del Palmeral de Elche podemos ver numerosos ejemplares del helecho alóctono invasor Nephrolepis cordifolia (2), de la familia de las Oleandraceae, enraizados sobre las fibras que rellenan los espacios entre los restos de los pecíolos de las hojas podadas.

Detalle de las Nephrolepis cordifolia anteriores.

Sobre esta palmera canaria del municipio palmeño de Barlovento podemos ver dos helechos epifitas: una Nephrolepis exaltata (3) de la familia de las Oleandraceae en primer plano y dos ejemplares de Davallia canariensis (4) de la familia de las Davalliaceae a la izquierda de la imagen.

Detalle de una frondosa Davallia canariensis sobre otra palmera canaria del municipio de Barlovento.

Aquí podemos ver otro helecho alóctono invasor, el Cyrtomium falcatum (5), de la familia de las Polypodiaceae, sobre una palmera datilera del Huerto del Cura en Elche.

Otro Cyrtomium falcatum muy vigoroso sobre una palmera canaria en una calle del Puerto de la Cruz en la Isla de Tenerife. Este helecho se ha convertido en una verdadera plaga en todas las islas de la Macaronesia. Lo he visto asilvestrado en las Islas Azores, en las Islas Canarias y en la Isla de Madeira. También se ha asilvestrado en las zonas costeras mediterráneas especialmente abrigadas y húmedas. En todos los casos los ejemplares naturalizados proceden de esporas llevadas por el viento desde jardines particulares.

Epifitas procedentes de semillas llevadas por el viento.

Sobre esta palmera canaria que embellece una plaza de la ciudad portuguesa de Faro, capital del Algarve, crecía hace ahora un año una Andryala integrifolia (6), de la familia de las Compositae.

 Misma compuesta anterior.

Indudablemente sus raíces reciben toda el agua y los nutrientes que necesita para crecer tan lozana. Las fibras en descomposición de las palmeras son por tanto un sustrato ideal.

Nuevamente en el municipio palmeño de Barlovento podemos ver esta pequeña Erica arborea (7), de la familia de las Ericaceae, con una vigorosa brotación primaveral creciendo como epifita sobre una palmera canaria. Sobre ella crecían varios helechos Pteridium aquilinum.

Conyza sumatrensis (8), de la familia de las Compositae, sobre una palmera canaria en una calle de la ciudad algarvense de Faro.

Conyza sumatrensis anterior, también llamada Conyza floribunda, que procedente de Norteamérica ha colonizado todas las regiones del mundo con un clima tropical, subtropical y templado suave. Vive especialmente a gusto en la Macaronesia y en los países ribereños del Mediterráneo.

Espectacular Parietaria judaica (9), de la familia de las Urticaceae, en forma de larga cabellera sobre una palmera canaria en una plaza de Palma de Mallorca.

Otra Parietaria judaica sobre Phoenix canariensis en Palma de Mallorca.

Geranium purpureum (10), de la familia de las Geraniaceae, sobre una palmera canaria en un jardín del municipio mallorquín de Sóller.

Hojas y frutos del Geranium purpureum anterior.

Sonchus tenerrimus (11), de la familia de las Compositae, sobre Phoenix dactylifera en el mismo jardín de Sóller.

Sonchus tenerrimus y Parietaria judaica sobre la misma palmera datilera anterior.

Sonchus tenerrimus en flor sobre una palmera canaria en la ciudad portuguesa de Faro.

Rumex bucephalophorus (12), de la familia de las Polygonaceae, sobre la misma palmera farense anterior.

Detalle del Rumex bucephalophorus anterior que al crecer boca abajo y bajo la intensa sombra de la copa de la palmera tiene las hojas y las inflorescencias en una posición extraña.

Varios ejemplares de Polycarpon tetraphyllum subsp. diphyllum (13), de la familia de las Caryophyllaceae,  sobre la misma palmera portuguesa anterior.

Detalle del Polycarpon tetraphyllum subsp. diphyllum anterior.

Pequeña Poa annua (14), de las familia de las Gramineae, sobre otra palmera canaria de la ciudad algarvense de Faro.

Detalle de la Poa annua anterior.

Diminuta Sagina maritima (15), de la familia de las Caryophyllaceae, sobre las misma palmera anterior.


Epifitas procedentes de semillas llevadas por las aves.

En todos los casos los pájaros se alimentan de los frutos que suelen ser bayas o drupas que ingieren enteras y, tras la digestión de la pulpa, defecan o regurgitan las semillas lejos de la planta madre.

Lantana camara (16), de la familia de las Verbenaceae, sobre una palmera canaria en una calle de Puerto de la Cruz en Tenerife.

Visión cercana de la Lantana camara anterior en la que se ven mejor sus flores rosadas.

Joven Asparagus plumosus (17) enraizado en las fibras en descomposición de un Phoenix dactylifera de un jardín de Sóller en Mallorca.

Hedera helix (18), hiedra, sobre la misma palmera datilera anterior.

Solanum nigrum (19), de la familia de las Solanaceae, sobre una palmera canaria de Puerto de la Cruz en Tenerife, cerca del fantástico Jardín botánico de la Orotava.

Flores del Solanum nigrum anterior.

Frutos en forma de baya de la solanácea anterior.

Esta curiosa imagen de una palmera, Washingtonia filifera (20), creciendo como epifita sobre otra palmera, Phoenix canariensis, ambas de la família de las Arecaceae, la tomé en un largo paseo que va hasta el Jardín botánico de la Orotava en la ciudad tinerfeña de Puerto de la Cruz.

 Visión cercana de la pequeña Washingtonia filifera anterior.

Einadia nutans (21), de la familia de las Chenopodiaceae, creciendo como una cabellera sobre otra palmera canaria del Puerto de la Cruz.

Bayas de la Einadia nutans anterior.

Pequeña higuera silvestre o cabrahigo, Ficus carica (22), de la familia de las Moraceae, sobre una Phoenix canariensis de un jardín del municipio mallorquín de Sóller.

Ficus microcarpa (23), también llamado Ficus retusa, sobre una palmera canaria en Puerto de la Cruz.

Visión cercana del Ficus microcarpa anterior.

Ficus benjamina (24), sobre la copa de una palmera Cola de pescado, Caryota urens, en el fantástico Parque del Loro de Tenerife, que cuenta con una extraordinaria colección de palmeras tropicales y subtropicales de todo el mundo.

Mismo Ficus benjamina anterior que como otros muchos ficus se comporta como una verdadera higuera estranguladora que acaba matando a la planta sobre la que crece. La macabra historia empieza cuando un pájaro se traga un pequeño higo rojizo de este ficus. Tras digerir la pulpa defeca las semillas sobre la palmera entre los restos de los pecíolos de sus hojas.

Una de las semillas consigue germinar en lo alto de la copa de la palmera donde recibe mucha luz solar, la codiciada fuente de energía de las plantas, que es lo que en definitiva quiere, y sus raíces empiezan a crecer hacia abajo buscando la humedad y los minerales del suelo. En su descenso van abrazando el tronco de la víctima.

Los jardineros del Parque del Loro saben que la higuera estranguladora acabará matando a la palmera Cola de pescado, pero es tan fascinante el proceso que ayudan a la asesina en sus macabras intenciones sujetando sus raíces con alambres al tronco de la víctima.

No la sembraron los jardineros, nació sola sobre la palmera de una semilla defecada por un ave, pero saben que acabará siendo la atraccción del parque cuando consiga matar a la caryota y el tronco de ésta se pudra. Entonces la maraña de raíces aéreas soldadas entre si en forma de cilindro hueco, la misma forma del tronco que le habrá servido de molde, se convertirá en todo un espectáculo para los visitantes. Es una inteligente estrategia de supervivencia de los ficus  que crecen en los bosques tropicales. Si las semillas caen en el suelo, no germinan por falta de luz, dada la intensa sombra que hay bajo las copas de los árboles o si lo hacen deben escalar un tronco buscando la luz, para lo que necesitan mucha energía. Las diminutas semillas de los ficus carecen de reservas en sus cotiledones, de manera que la única opción para germinar y sobrevivir consiste en hacerlo sobre la copa de los árboles y palmeras de la selva, donde reciben los energéticos rayos solares que les dan la vida.