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sábado, 11 de abril de 2015

Las Myrtaceae: bellas, cosmopolitas y exitosas

La familia de las Myrtaceae está formada por unas 3.000 especies de árboles y arbustos, todos ellos perennifolios, distribuidos por las regiones de clima tropical, subtropical y mediterráneo de todos los continentes de la Tierra. Tienen en común la síntesis en sus tejidos de aceites esenciales volátiles, muy aromáticos y con frecuencia igníferos, es decir, que facilitan los incendios, como en los Eucalyptus australianos, cuyos frutos en forma de pixidio (cápsula seca llena de semillas con un opérculo) sólo se abren tras un golpe de calor intenso, exactamente igual que las piñas de los pinos.

Flor rosada de Callistemon macropunctatus, fotografiado en el fantástico Jardín botánico de la Orotava en la Isla de Tenerife. Todas las Myrtaceae producen abundante néctar en la base de sus flores, libado con glotonería por las abejas.

Los arbustos del género Callistemon, endémicos de Australia y cultivados en todo el mundo por su belleza, agrupan sus flores en inflorescencias en escobillón alrededor de un tallo central, como en este Callistemon viminalis var. Capitán Cook, fotografiado en el Jardín botánico de Córdoba.

Todas las Myrtaceae comparten la misma estructura en sus flores: numerosos estambres masculinos muy largos y en general de vivos colores y un solo pistilo femenino en el centro con un ovario ínfero.

Los Callistemon, al igual que los Eucalyptus, también fructifican en forma de pixidio con un pequeño opérculo que sólo se abre si recibe un fuerte golpe de calor, exactamente igual que sus primos australianos. Resulta muy curiosa y aparentemente contradictoria y suicida su simbiosis con el fuego, pero la misma planta favorece el fuego con sus esencias igníferas para que, tras ser consumida por las llamas, sus hijos, sus semillas, encuentren un suelo libre, a pleno sol y abonado con los ricos minerales de las cenizas de su madre. Así es la naturaleza. Las madres son capaces de hacer cualquier cosa, incluso autoinmolarse, para que la especie se perpetúe sobre la Tierra.

 
Estas bellísimas flores de un blanco inmaculado con un largo pistilo sobresaliendo por encima de los numerosos estambres tan blancos como los pétalos pertenece a una curiosa especie de guayabo de Costa Rica, Psidium friedrichsthalianum, llamado guayabo Cas, que, a pesar de ser de hoja perenne como todas las Myrtaceae, para sobrevivir a los fríos meses del invierno de Mallorca se comporta como caduco, rebrotando vigorosamente en primavera.

Sus frutos son bayas verde-amarillentas al madurar.


Detalle de varios frutos de "Guayabo Cas" de Costa Rica.

 
Su pulpa es muy blanca, de consistencia compacta con numerosas semillas y de una acidez extrema casi incomible en fresco por su riqueza en ácido ascórbico, vitamina C. Se utiliza para elaborar mermeladas y jaleas.

Una Myrtaceae australiana muy curiosa con las hojas muy pequeñas rodeando los tallos es la Melaleuca calycina. La fotografié en el Jardín botánico de Sóller en Mallorca.

Sus flores blancas se agrupan en el extremo de los tallos. Como en las demás mirtáceas australianas sus frutos son pixidios secos con un opérculo.

La Feijoa o Guayaba del Brasil, Feijoa sellowiana, es un arbusto sudamericano con una floración espectacular.

Sus flores tienen la estructura típica de las Myrtaceae: largos estambres rojos con una pequeña antera amarilla en su extremo y un solo pistilo de color granate oscuro en el centro, en cuya base se encuentra el ovario que al madurar dará lugar a un fruto en forma de baya.

 
Feijoa de la variedad Mammuth, grande y alargada, más ancha en su mitad distal.

 
Feijoas maduras, las tres de arriba de la variedad Triumph, con forma ovalada y más anchas en su parte central y las dos más grandes de la parte inferior de la variedad Mammuth.

Corte transversal de una feijoa Triumph.

Corte longitudinal de otra feijoa Triumph. La dulce y jugosa pulpa de esta fruta sudamericana tiene un exquisito sabor que recuerda a la piña tropical. Su cultivo se ha extendido por todo el mundo, especialmente en todos los países que bordean la Cuenca Mediterránea. Soporta muy bien el frío moderado, incluso las heladas esporádicas siempre que no sean muy intensas.

 Hilera de imponentes ejemplares de Metrosideros excelsa, endémico de Nueva Zelanda, embelleciendo el paseo marítimo del pequeño puerto de la ciudad de Horta en la Isla de Faial del Archipiélago de las Azores. Los fotografié a principios de mayo y todavía no habían abierto las flores.

Al igual que los Ficus, las especies del género Metrosideros emiten numerosas raíces aéreas directamente de las ramas con la intención de alcanzar el suelo y aumentar así la absorción de agua y nutrientes.

Amasijo de raíces descendiendo de las ramas.

Detalle de las raíces aéreas que descienden siguiendo los surcos de la corteza del árbol.

Las raíces son intensamente rojas.

Tronco espectacular de uno de los Metrosideros excelsa azorianos.

 Joven Metrosideros excelsa iniciando la floración a finales de mayo, fotografiado en el fantástico jardín de Son Vivot en la Isla de Mallorca.

Ramillete de capullos florales a punto de abrirse.

Flores del Metrosideros excelsa de Son Vivot con la estructura típica de las Myrtaceae.

Detalle de las flores con numerosas abejas libando su néctar.

 Esta exótica Myrtaceae sudamericana recibe el nombre de Grumichama del Brasil, Eugenia brasiliensis.


 Me la mandó mi amigo portugués Sérgio Duarte, gran aficionado a los frutales tropicales. ¡Gracias, Sérgio!

El año pasado me dio sus primeros frutos.


Grumichama del Brasil madura a finales de julio. Llama la atención su largo pecíolo y su color rojo sangre.

Los frutos de la Eugenia brasiliensis son drupas con una o dos semillas en su interior. A simple vista parecen cerezas. En su punto óptimo de maduración adquieren un color granate oscuro casi negro.

Su pulpa es dulce y ácida a la vez con un bouquet tropical delicioso muy difícil de definir.

Semillas de Grumichama del Brasil.

 
Esta flor de un blanco inmaculado pertenece a uno de los frutales americanos más conocidos, la guayaba, Psidium guajava.

Existen numerosos cultivares con frutos muy variados. El de la imagen produce bayas en forma aperada y de pulpa rojiza. Al igual que el guayabo Cas de Puerto Rico, el guayabo por antonomasia soporta el frío mediterráneo adoptando la estrategia de la hibernación, es decir, comportándose como caduco aun siendo de hoja perenne en sus países de origen.

Varias guayabas del cultivar anterior.


Pulpa rojiza y muy aromática de las guayabas anteriores.


Otro cultivar de guayabo con frutos redondos de pulpa blanca.

Guayabas de pulpa blanca y forma aperada diferentes a las anteriores.

 
Estas hojas relucientes como de plástico y estas flores blancas tan bonitas pertenecen a mi guayabo preferido, el guayabo-fresa, Psidium littorale var. longipes, sinónimo de Psidium cattleianum.

 
Cada año produce abundantes frutos redondos y de pequeño tamaño.

 
Al madurar adquieren un color rojo intenso.

A mi se me antojan deliciosos. Cada vez que paso cerca de uno de mis tres guayabos-fresa no puedo resistir la tentación de comer una docena. Me los meto en la boca de cuatro en cuatro y su sabor dulce y ácido a la vez es una explosión de aromas y sensaciones gustativas, como un pequeño cóctel de vitaminas y antioxidantes, un elixir de vida.

Como todas las guayabas sus frutos son bayas con numerosas semillas rodeadas de una pulpa blanca y jugosa.

El gigantesco Eucalyptus camaldulensis es uno de los más altos e imponentes de Australia. Se cultiva con éxito en todo el mundo. Un ejemplar añoso y solitario es un espectáculo de una belleza extraordinaria.

Sus flores son pequeñas y blancas con la estructura típica de las Myrtaceae.

 Magnífico tronco de Eucalyptus camaldulensis, fotografiado en el Parque de María Luísa de Sevilla.

Gigantesco ejemplar de Eucalyptus globulus, fotografiado en el jardín de cactus de Ses Salines (Botanicactus). Es uno de los árboles australianos más cultivado en todo el mundo por su madera.

 Hojas en forma de guadaña de Eucalyptus globulus.

Corteza de Eucalyptus globulus.

 
El también australiano Eucalyptus leucoxylon es un árbol bellísimo en plena floración.

 Espectacular floración del Eucalyptus leucoxylon. Fotografía tomada el día 2 de noviembre de 2015.

El color rosado intenso de sus estambres es espectacular.

En esta flor se ve muy bien el pistilo femenino rodeado de numerosos estambres.

Aunque pequeñitas, las florecillas blancas de nuestro mirto mediterráneo, Myrtus communis, no tienen nada que envidiar a las de las demás mirtáceas. Su perfume es embriagador.

¡Qué bonita!, ¿verdad? Todo en ella es blanco salvo las anteras amarillas cargadas de polen del extremo de sus estambres.

En mis andares por Mallorca he visto muchas variedades de mirtos, murtas o arrayanes. Los hay de hojas pequeñas, de hojas grandes y de frutos redondos, alargados, pequeños, grandes, azules, rosados y blancos, todos ellos bayas llenas de semillas de pulpa comestible y un sabor muy particular e intenso. Los de la imagen son muy grandes y alargados.

Estos murtones o murtas de color rosado tan bonitos son una rareza dentro de la especie, mucho más raros de ver que los blancos de la siguiente imagen.

 
En la Serra de Tramuntana de Mallorca los murtones blancos son relativamente frecuentes.

Las flores de esta imagen pertenecen a otra rareza botánica americana, el mirto del Brasil, Myrcianthes pungens. Al igual que la grumichama también me lo mandó mi generoso amigo portugués Sérgio Duarte.

Sus frutos redondos y negros, cubiertos de una vellosidad muy fina, parecen murtones gigantes.

Resulta muy llamativo su intenso color negro.

Otro murtón del Brasil.

 
Su pulpa es anaranjada, muy dulce y jugosa. Contiene una única semilla de forma arriñonada.


Estas florecillas con los pétalos blancos recorridos por una línea rosa pertenecen a otra mirtácea americana, la pitanga o cerezo del Surinam, Eugenia uniflora, muy cultivada como arbusto ornamental.

Una curiosidad de la pitanga es que sus hojas sintetizan antocianos granates durante los meses más fríos para absorber el calor de los rayos del sol y evitar así la congelación. En pleno verano las hojas son verdes.

Intenso color granate de las hojas en febrero.

Sus frutos o cerezas del Surinam tienen la particularidad de estar recorridos por surcos, en general en número de ocho.

A pesar de su forma asurcada su única semilla es bien redonda.

A diferencia de las anteriores esta mirtácea, la pomarrosa, Syzygium jambos, crece en el sudeste asiático. Desde que fue llevada a América tropical se ha naturalizado en algunos países como en Cuba donde se ha convertido en una plaga invasora. En la imagen vemos los capullos florales a punto de abrirse. Ésta y las siguientes fotos fueron tomadas en el Jardín botánico de la Orotava.

Pomarrosa en plena floración. 

Tal vez ésta sea una de las Myrtaceae cuyas flores llevan más estambres.

El pistilo femenino es tan fino como los estambres, pero mucho más largo. Recibe el nombre de pomarrosa porque sus frutos tienen una pulpa consistente parecida a las pomas o manzanas y un delicado aroma a rosas.

Fruto de pomarrosa a punto de madurar.

Y para terminar en esta imagen podéis ver los llamativos frutos de otra mirtacea asiática, la manzana de agua, manzana malaya o pomalaca, Syzygium malaccense, que al igual que la anterior se cultiva desde hace muchos años en América tropical, hasta el punto que se la cree falsamente nativa de Centroamérica y Sudamérica.

Los frutos crecen en grupos.

Detalle de dos frutos de manzana malaya o pomalaca.